jueves, 7 de noviembre de 2013

Hermanos, hermanas... alabemos con voracidad a nuestro depravado, sucio, lascivo, morboso, perverso, libertino, hedonista de ocasión y degenerado deseo carnal que nos corroe por dentro, que trata de liberarnos con pasión desmedida de la estúpida cordura de una moral insulsa que fue incrustada en la piel por hacedores de mentiras, de ilusionistas baratos y pederastas que sólo buscan y añoran el bien material a cambio de una supuesta paz interior y eterna. 

Al momento en que lo abracemos con dicha y lujuria en nuestro sexo, él nos liberará, nos dará vida, nos guiará y mostrará un oasis de éxtasis y placeres amorfos que nos han sido negados desde la creación de los tiempos. 

Así pues, los exhorto a que den rienda suelta a sus más recónditos deseos sexuales, a aquellas perversiones y fantasías que anhelan y claman por ser emancipadas, dejemos que nuestros sentidos exploren y palpiten hasta ahogarse en un mar de gemidos e inhibiciones.







No hay comentarios.: